Cada día el cerebro recibe mucha más información de la que podría conservar. Un viejo enigma de la neurociencia es cómo se seleccionan y se hacen permanentes las pocas experiencias que vale la pena recordar, mientras todo lo demás se desvanece en silencio.
Esta revisión se centra en una parte de la respuesta: el papel del sueño en la consolidación de las memorias declarativas, es decir, los hechos y eventos que podemos recordar conscientemente.